viernes, 24 de febrero de 2012

Felices 56, viejo!

56 años de vida y no lo has hecho tan mal, ¿No? El tiempo pasa y cada vez envejeces más rápido; no temas. Si antes salías a correr 10km y eras capaz de dejarme pidiendo oxígeno a medio camino con mis tiernos 16-17 años, ahora debe molestar darse cuenta de que, dentro de no mucho, casi no podrás levantarte de la cama sin mi ayuda viejísimo. Tranquilo, te querré igual.
 Tengo muchos recuerdos juntos. Algunos, de cuando era un bebé, los conozco por ti. Aún hoy me río recordando cuando cuentas lo malo que era; Como lloraba cuando me dejabais solo en la habitación y me reía cuando volvíais a acunarme. Era malo, lo sé, un poco cabroncete, también, como ahora, pero no creo que sea como para haber tenido la tentación de haberme querido tirar por la ventana, ¿No te parece? Pierdes los nervios demasiado rápido, menos mal que estaba mamá para salvarme…

Sé que no he sido el hijo más fácil del mundo y que te di más problemas y quebraderos de cabeza de los que ambos habríamos deseado. Tú siempre cedías, mamá se enfadaba y al final yo hacía lo que quería y vosotros os peleabais. Pero bueno, que tampoco me voy a pintar como un ogro, que no ha sido para tanto. En el fondo era fácil de llevar; sólo necesitaba botas de fútbol, balones, algo de ropa y comida caliente encima del plato, nunca pedí más. Ahora que se supone que soy “un hombre” y lo veo todo desde la perspectiva de un adulto, creo que sólo os puedo dar las gracias. Educación de calidad, buen ambiente en casa, libertad dentro de unos límites, casi nunca prohibiciones, diálogo…felicidad. Y ahora que las cosas están como están, aunque nunca os lo diga, sé el enorme esfuerzo que estáis haciendo todos para mantenerme aquí.

La vieja también tiene gran parte de culpa en que yo os haya salido así. Contigo siempre hablé más y compartí más momentos, véase: partidos de fútbol, ir de compras, ver olimpiadas, mundiales, pedirte dinero… pero la verdad que siempre te tuve un poquito de miedo y respeto, siempre mucho más que a mamá; por eso, siempre que algo me atemorizaba, acudía a ella. Todo esto porque soy un buenazo, porque en realidad debería seguir enfadado con ella. Han pasado casi 20 años, pero no me olvido de como me hacía trampas leyéndome “Los 3 cerditos” y se saltaba las hojas para irse a dormir. Me subestimaba, cuando en realidad yo con 2 años ya me las sabía todas. Entonces llegabas tú y sí me leías el libro; poco a poco, página a página, respetando y enfatizando en cada coma. Y ¿Cómo te lo he pagado yo 3-4 años después? Yendo contigo al sofá a ver partidos de Fútbol Sala y cada vez que te quedabas dormido, aprovechaba para “andarte en las pupas”, como yo decía, o lo que es lo mismo, apretándote todas las heridas y moretones que te habías hecho “jugando” a fútbol playa. Entrecomillo el jugando, porque sé de muy buena mano que siempre fuiste un paquete. Velocidad 10, técnica 0.

Hoy que ya tengo 20 años se supone que ya lo habéis hecho todo por mí. Me habéis dejado crecer, habéis confiado en mí y nunca me habéis prohibido ni truncado ninguno de mis sueños. El de ser periodista, está camino de cumplirse, así que aprovecha a guardar bien este escrito, porque es posible que cuando sea un famoso y reputado escritor, esta felicitación de cumpleaños valga su peso en oro, y nunca sabes lo caro que te va a costar el asilo… Toda precaución es poca.

Ahora ya sólo me queda felicitarte por ser la persona con los 56 años mejor llevados del mundo; ojalá yo pueda llegar a tu edad con la mitad de fuerza y energía. Estoy lejos de casa y sé que mañana no podré compartir los suculentos manjares con vosotros, pero no os preocupéis, que yo me comeré una pizza a la salud de todos vosotros. Disfruta mucho del día de mañana papá, cuida mucho de mamá y de Lolo y sigue tomándote la vida con la misma filosofía.

Muchas felicidades viejo, Te quiero. 

miércoles, 25 de enero de 2012

Buen Barça; excelso Madrid

Twitter, Facebook, móviles con conexión a Internet hasta en el punto más alto del K2, era de las tecnologías; Siglo XXI. Tenemos todos los medios para que nuestro mensaje llegue hasta puntos insospechados con sólo apretar un botón. La cantidad de información actual es infinita, la calidad de esa cantidad es ínfima. La información de calidad existe, claro que sí, pero tenemos que escarbar mucho. Al acabar el Barça-Madrid lo primero que hacemos todos es comentar en Twitter o Facebook nuestras impresiones. La red se satura. Todos tenemos una opinión y somos libres de hacerla pública, pero creo que en partidos de este tipo, debemos escuchar a los expertos, a los grandes de verdad y no dejarnos llevar por fanatismos y sentimientos.

El partido de hoy ha sido un duelo abierto, bonito y disputado. El Madrid llegaba con la eliminatoria muy cuesta arriba y Mourinho tuvo que dejarse de probaturas: “los mejores al campo y que sea lo que tenga que ser”. Quizá en ese grupo de “los mejores” faltaba Benzemá. Salió con un equipo valiente, y lo único que le impidió ponerse por delante en el marcador fue la falta de tino de sus jugadores. Fallaron lo infallable y apareció Messi para regalarle a Pedro el 1-0. El Barcelona ya estaba por delante, pero aún así, el Madrid tenía que buscar lo mismo: marcar 2 goles, antes para clasificarse, ahora para forzar la prórroga. El gol de Alves en el descuento de la 1ª parte parecía que iba a terminar de minar la moral de los blancos; que el Barcelona asestaba la cornada final. Pero no fue así, vaya que no lo fue. Con la eliminatoria perdida los de Mourinho se dedicaron a jugar, se atrevieron a discutirle y arrebatarle la pelota al Barça en su propia casa y empezaron a combinar. En una jugada de brillantez técnica, Ozil enseñó el concepto de lo que es “dar una asistencia” y Ronaldo dio un curso avanzado de “cómo definir”. En esos minutos Benzemá ya estaba en el campo, toda la carne estaba en el asador y tenía muy buena pinta. En una acción sin trascendencia aparente, un rechace de Piqué sale rebotado y la pelota le cae a Karim que enfila el marco como lo hacen los grandes delanteros, decidido y confiado. Entra en el área, le hace un sombrero a Puyol y define desde el suelo como los ángeles. 2-2. Los minutos trascurrieron pero el marcador no se movió. El Madrid estuvo cerca, quizá si en la ida hubiera planteado el mismo tipo de partido…

Mourinho erró, una vez más. En Madrid tiró la eliminatoria; su suerte, tener los jugadores que tiene. Si el Madrid hubiera ganado hoy no le habría sorprendido a nadie. Es justo decirlo, el Barcelona estuvo flojo en la segunda parte, se vio arrollado por un equipo bravo y confiado. 10 partidos ha tardado Mourinho en darse cuenta. Tuvo que verse con todo en contra para confiar en los mejores y dejarse de inventos.

Entrar en temas de beneficios arbitrales, Villaratos y demás sandeces está feo. Escudar una derrota en la figura del árbitro demuestra poco, y de ese poco, nada es positivo.
Yo me quedo con el fútbol, que es lo bonito. Me quedo con el sacrificio de Cristiano, que cada día es más jugador de equipo, con la calidad de Ozil, con el súper delantero que es Benzemá; con lo cerca que ha estado el Madrid. El Barça ha estado correcto; impreciso atrás y afortunado adelante. El Madrid ha vendido muy cara la derrota, lo ha dado todo y ha demostrado mucho, se ha quitado 50 kilos de complejos de encima. Al fútbol se gana queriendo ganar. Se dieron cuenta tarde.

El clasificado es el Barcelona, a mi entender, justo vencedor de la eliminatoria a 180 minutos. Eso sí, el Madrid ya tiene la receta, lo único que le falta ahora es atreverse a cocinar la próxima vez que se encuentren y no volver a viejos y perjudicables hábitos.

lunes, 9 de enero de 2012

Jugadores leyenda.

Raúl, Del Piero, Totti, Julen Guerrero, Paul Scholes, Puyol… Hay jugadores que no tienen precio. Jugadores eternos y carismáticos que son inmortales y que jamás podremos asociar su cara a ningún otro club. Muchos comienzan su andadura desde abajo, mamando la esencia y conociendo hasta el más mínimo detalle de la historia del equipo. Para ellos, su club es como el primer amor verdadero. Aunque a veces tengan peleas y surjan “novias”, la voluntad y el compromiso de los futbolistas prevalece y el romance continúa.

Algunos son incapaces de abandonar su casa; otros, guiados por el insaciable apetito de seguir siendo grandes, abandonan el barco como héroes, sabiendo que nunca podrán sentir lo que allí han sentido.

Thierry Henry abandonó Londres rumbo Barcelona el 23 de junio de 2007 como un adalid; una especie de semidiós “Gunner” que nunca podrá ser reemplazado. En el Barcelona conquistó el único título que le faltaba, la Copa de Europa y tras ésto emprendió su precipitada aventura en el fútbol estadounidense. En julio de 2010, con 32 años, se presentaba en la MLS como una estrella mundial que había decidido abandonar demasiado pronto el fútbol de élite. Y hemos tenido que esperar hasta el 6 de enero de este año para recibir el mejor regalo de Reyes que todo buen aficionado al fútbol podría desear; Henry volvía (aprovechando el parón de su liga) a casa. En una operación fulgurante, el atacante galo volvía a estar a las órdenes de Arsene Wenger durante 2 meses.

Y hoy, 3 días después de su fichaje, ha debutado. Ha saltado al campo en el minuto 68 de juego cuando el partido estaba con empate a cero, llevándose una cerrada y emocionante ovación. Y Titi no defraudó. En una jugada con sello propio marcó el gol de la victoria del Arsenal. Le bastó un control orientado y una suave caricia a la pelota para que ella, su amiga, se introdujera en esa férrea red que él ya había fusilado tantas otras veces. Explosión en el Emirates; explosión en el mundo fútbol.

Henry ya no es quién era, eso es imposible. La barba frondosa y el gesto de su cara denotan el paso del tiempo. Pero hoy, en el minuto 77 de partido, Thierry activó la máquina del tiempo y nos trasladó a todos a aquel majestuoso e imponente Highbury, una de las cunas del fútbol mundial, en el que Henry se labró su leyenda.

Con su trote inconfundible y su bellísima zancada, Henry volvía hoy a casa. Cuando el arbitro señaló el final del partido, "Titi" alzó los brazos y grito al cielo; a ese mismo cielo al que todos hemos gritado para dar gracias por devolvernos otra vez, aunque sea por poco tiempo, a un jugador único, un goleador fino y mordaz que ha dejado una huella imborrable en todos los amantes del buen fútbol.


lunes, 19 de diciembre de 2011

Malas formas pero buen fondo.

Hacía semanas que quería escribir unas líneas sobre un jugador supremo como Cristiano Ronaldo. Un palmarés envidiable y unas cifras goleadoras que no paran de aumentar son su mejor carta de presentación.

Desde su llegada a Madrid, todo le vino rodado. Punta de lanza de un proyecto millonario, con presupuesto excelso y libertad para hacer y deshacer con la única intención de derrocar al apoteósico Barcelona de Guardiola. Su rendimiento siempre fue bueno, y su afán por conseguir mejorar cada día hasta rozar la perfección en lo que a preparación física se refiere, es intachable y envidiable.

Su carácter chulesco, fardón y presumido le genera detractores allá por donde va. La frase de “me pegan porque me tienen envidia porque soy rico, guapo y buen jugador”, dicha por el propio Cristiano al acabar un partido de Champions, con el tobillo sangrando a chorro, es un error, nadie duda de ello, pero ¿cómo reaccionaríais vosotros después de que os cosan los tobillos a patadas? Su sangre es quizá demasiado caliente, pero viene con su forma de ser.

El otro día, tras perder 1-3 contra el Barcelona, toda la prensa nacional se cebó con él, sin contemplaciones ni miramientos. Cristiano calló, y el sábado, tras marcarle 3 goles al Sevilla, dijo: “Esto va para todos aquellos que me critican, porque ellos no saben de fútbol”. Mala frase y malas formas, pero buen fondo; me explico. Las críticas recibidas después de perder el clásico no fueron críticas sanas; eran críticas hirientes, lanzadas con malicia por periodistas que estaban quemados con la imagen del Madrid y querían focalizar su ira en Cristiano Ronaldo. Se puede criticar a Cristiano cuando lo hace mal, al igual que se puede criticar a cualquier otro jugador, pero aprovechar cualquier oportunidad para compararlo con Messi y dejarlo por tierra, o decir que es un “Falso grande” es un comentario de alguien que no sabe de fútbol. El portugués es el primero que sabe que contra el Barcelona estuvo desentonadísimo, pero leer y tener que aguantar tanta tontería y palabrería barata, duele.

Tratar de compararlo cada semana con Messi, aburre. Los 2 son gigantes futbolísticos y referentes mundiales para millones de personas, pero Messi es un extraterrestre que está fuera de toda comparación. Cristiano, el más grande de los mortales, comienza a darse cuenta. Hoy en día es imposible discutirle el número 1 a Messi, pero si hay algún jugador capaz de hacerlo a base de tesón, ganas y trabajo, ese es Cristiano Ronaldo; por  condiciones, por orgullo y por coraje.

El portugués es un jugador top, el mejor referente que puede tener el Real Madrid. Aunque delante de los micrófonos se le caliente algunas veces la boca, sus frases tienen sentido. En la mayoría de casos, si se escuchan con detenimiento sus palabras, lo que le pierde son las formas; pero en el fondo, si se escarba hasta llegar a atomizar cada una de las palabras de su frase, se puede observar que dice muchas verdades. Haced la prueba.


domingo, 11 de diciembre de 2011

Ganó el mejor


     Una vez más la misma historia. Hacía días que no se hablaba de otra cosa en los medios; España estaba paralizada por el ducentésimo “Partido del Siglo”. La expectación que había levantado el derbi era incluso mayor que en años anteriores. El Madrid llegaba primero con unos registros impolutos como local y se enfrentaba, por primera vez desde hacía 3 años, con un Barça que estaba debajo en la tabla y que generaba muchas dudas como visitante. Mourinho nunca había ganado a Guardiola un partido de Liga, y ayer, era la ocasión perfecta para dar un golpe de autoridad y dejar sentenciado el campeonato. Pero el fútbol, y en especial los Barcelona – Real Madrid no pueden regirse por datos y estadísticas, son duelos pasionales en los que no importa como lleguen los equipos.

     Mourinho no salió a hablar en rueda de prensa, Guardiola no daba pistas sobre el 11 y los medios comenzaron a especular. Lass o Arbeloa, doble pivote, trivote, “triángulo de presión alta”, Khedira o Coentrao, Higuaín o Benzema… Piqué, Puyol o Mascherano, defensa de 3 o de 4, Villa o Alexis, 5 en medio campo… Hipótesis y conjeturas de todo tipo que en algunos casos llegaban a rozar lo ilusorio.

     Pero llegó el partido y Mourinho sorprendió. Sacó un 11 tremendamente ofensivo en el que estaban todos los “jugones” de la plantilla. Sabía que jugaba en casa y confiaba en poder ganarle al Barcelona arrebatándole la pelota. La alineación del Barcelona era la esperada; esta vez Guardiola no hizo probaturas ni experimentos.

     Eran las 10 de la noche del domingo 10 de diciembre de 2011 y la pelota echó a rodar en el Santiago Bernabeu.

     En la primera acción, ¡PUM!, gol de Benzema. En una jugada rocambolesca y llena de fortuna llegaba el primer gol de Real Madrid. Valdés despeja mal, Di Maria filtra un balón que despeja Busquets, Ozil dispara, y tras un rechace, Benzema fusila a Valdés a escasos 2 metros de la línea de gol. El Bernabeu explotaba de júbilo. Aficionados y jugadores llevaban años esperando el momento y ni el más optimista podía imaginar un guión mejor.
     El Barcelona no estaba cómodo, la pelota le quemaba en los pies y la presión del Madrid era asfixiante. Durante los primeros 20 minutos no tuvimos noticias ni de Xavi ni de Cesc ni de Iniesta; el mediocampo azulgrana estaba desactivado. Las cosas pintaban mal.

     Entonces apareció Messi. El argentino retrasó 30 metros su posición y comenzó a recibir balones en la zona de elaboración culé. Desde el círculo central, él era uno más para asociarse y tratar de combinar para romper la telaraña merengue. Y fue así, en una acción sin peligro aparente, en la que Messi fue dejando atrás contrarios hasta que encontró a Alexis, que batió por bajo a Casillas en el minuto 29. El empate llegaba al Bernabeu y el partido cambiaba plenamente.
     El Barcelona se había repuesto del gol, había sabido aguantar el arreón madridista y volvía a encontrarse cómodo en el partido. El resto de primera mitad discurrió tranquila, con orden y mucho miedo por parte de los dos equipos.
     Y así se llegaba al descanso. El Madrid había dejado escapar la oportunidad de “matar” al Barça durante la primera parte y se enfrentaba ahora a 45 minutos de presumible dominio azulgrana.

     Que la segunda parte fuera un monólogo azulgrana sólo tiene una explicación… Esa explicación tiene 26 años, es de Albacete, juega al fútbol como los dioses y se llama Andrés Iniesta. Su primera parte fue discreta, pero en los segundos 45 minutos manejó el partido a sus anchas. Se jugaba al ritmo que él quería y cuando él lo deseaba. El Barcelona está lleno de estrellas, pero ninguna es como Iniesta. Es un jugador especial, tocado por una varita mágica que aparece cuando más se le necesita. Suena fuerte decirlo, pero él decantó el Clásico; bueno, él y la suerte. Porque el gol de Xavi en su partido 600 como azulgrana estuvo cargado de suerte. Un disparo inocente que rebota en Marcelo y hace inútil la rectificación de Casillas. La pelota estaba dentro y el partido estaba sentenciado.        
     Desde ese momento, el Barcelona fue el dueño y señor del encuentro. Mourinho, valiente, sacó a Kaká para intentar remontar pero no le sirvió de nada. Es cierto que el Madrid tuvo ocasiones para equilibrar la balanza, pero no habría sido justo. La superioridad culé se vio reflejada en el marcador en el minuto 65, cuando Cesc, tras una preciosa jugada remataba en plancha un milimétrico centro de Dani Alves.

     A partir de aquí el partido llegaba a su fin. El Barcelona dominaba y el Madrid se conformaba.  Otro año más, los hombres de Guardiola volvían a asaltar la “Casa Blanca”.

     Los años van pasando y el Madrid no puede. Cada vez está más cerca, pero todavía no llega a ese escalón futbolístico en el que está instalado el Barcelona. Su juego es bueno, brillante en algunos partidos, pero no alcanza el grado de excelencia azulgrana.

No hay nada decidido aún, si el Madrid puntúa en Sevilla seguirá líder, y presumiblemente cerrará el año como “Campeón de invierno”. Será en el año 2012 cuando se decidan los títulos y podamos comprobar quién ha sido el vencedor de esta preciosa batalla; si ha sido el fino estilista o el duro fajador. 

lunes, 5 de diciembre de 2011

And the winner is?

     Nos tocará esperar hasta el 9 de enero para conocer quién será el ganador del Balón de Oro 2011. Son tres los supervivientes que optan a tan prestigioso galardón; Cristiano Ronaldo, Xavier Hernández y Lionel Messi. Todos ellos son jugadores de la liga española, de nuestra liga; de la “mejor liga del mundo”.

     Aunque echamos en falta grandes jugadores como Andrés Iniesta o Iker Casillas, la realidad es la que es. En la criba final sólo puede haber 3 jugadores, y este podio estará formado por un tridente de auténtico lujo. Los 3 serían dignísimos merecedores del premio, aunque las apuestas dan como favorito- otro año más- a Leo Messi.

     Parece que el argentino no quiere bajarse de esa nube en la que lleva posado ya casi 4 años. Lo suyo no tiene parangón; con 24 años tiene ya 2 Balones de Oro y salvo sorpresa mayúscula conseguirá el 3º a principios de año. Su palmarés, al igual que la sombra de su leyenda, no hace más que aumentar. Messi marca la diferencia en el fútbol actual. Todos los jugadores pueden compararse entre ellos, exceptuándolo a él. Leo lo mira todo desde la tranquilidad que da saber que se han hecho bien las cosas. El fútbol no es objetivo y en infinidad de ocasiones, el corazón puede mucho más que la cabeza. Con el argentino no hay discusión. Por sus goles, por su magia, por sus gambeteos y por su prodigiosa forma de zigzaguear con el balón cosido a la bota izquierda se ha ganado el respeto del planeta fútbol. Es el gran favorito.

     Cambiando de bando, toca hablar de Cristiano Ronaldo, delantero del Real Madrid y ganador del Balón de Oro en el año 2008. El merecimiento del premio por parte del portugués queda fuera de toda discusión. Por su hambre infinita y por su personalidad combativa se merece pelear por ser el mejor jugador del planeta. En 2011 ha sido el máximo goleador europeo, el autor del gol del único título conseguido por el Real Madrid ese año (la Copa del Rey) y uno de los grandes causantes de que el club blanco sea cada año más ambicioso y esté cada vez más cerca del Barcelona. Sin entrar a valorar su carácter, las aptitudes que tiene el luso para ejercer la práctica del fútbol son un regalo divino. Su abanico de recursos a la hora de definir es infinito; en esto es superior a Messi. En todas las facetas rematadoras está en el top 3 de los mejores del mundo. Salto de cabeza, disparo con ambas piernas, anticipación, llegada, lectura de juego, lanzamiento de faltas… Cristiano Ronaldo es una máquina perfecta hecha para el gol. Por su gen ganador, por su facilidad para ver puerta, por su hambre de victoria, y por sus recursos como jugador, Cristiano podría ser también ganador del trofeo.

     Y llegamos a Xavi, el tercero en discordia; El jugador que lleva 13 temporadas demostrando su valía en el club de su vida. Su fútbol no es tan espectacular como el de Messi o Cristiano y,  ni sus goles son tan bellos ni su cara aparece en los carteles promocionales de los partidos. Aún así, Xavi debería ser el ganador de este Balón de Oro. La historia se lo debe; el fútbol se lo debe. 2010 fue su año. A los títulos conquistados con el Barça le añadió la estrella de campeón del mundo conseguida con la Selección Española en el Mundial de Sudáfrica. Una ley no escrita dice que en los años de mundial el premio suele ir para algún jugador de la selección campeona. Con Xavi no se cumplió. Messi fue el ganador y se lo agradeció a Xavi y a Iniesta, sus 2 compañeros de club y posiblemente los 2 principales responsables de que Leo esté donde está. Porque Xavi, al igual que Iniesta, define perfectamente el significado del término fútbol. Su posición es el mediocampo, el lugar donde todo se fragua y se cuece todo. El de Terrasa es el encargado de hacer funcionar la maquinaria de España y del Barcelona. Él organiza, temporiza y distribuye; luego los méritos se los llevan otros. Hemos tardado tiempo en darnos cuenta de la valía que tiene este jugador, pero ahora que lo hemos hecho, es inconcebible que alguien de su categoría se retire sin conseguir el premio. Él, desde su posición juega y hace jugar; es el dueño del balón.
Creo que es justo decir, (sin menospreciar a ningún jugador) que él, junto con Iker Casillas, ha cambiado la historia futbolística de España y la ha hecho una selección campeona y temida. Xavi cree en su fútbol, cree en la asociación y cree en el colectivo. Todos los jugadores son mejores a su lado. Por todo esto se merece el premio.

El día 9 se resolverá la incógnita y, salvo sorpresón de última hora, Messi ganará su tercer Balón de Oro consecutivo. Todos aplaudiremos, encumbraremos y alabaremos al mejor jugador del mundo. Desde nuestro sofá ovacionaremos al mejor jugador de todos los tiempos, pero desde Zurich, a escasos 3 metros de Leo, habrá alguien con una sonrisa casi más grande que la del propio Messi. Y ese será Xavi. Resignado,  felicitará y abrazará al astro dándole una más que sincera enhorabuena. Porque Xavi es así, un sacrificado del fútbol al que nunca oiremos decir que algo es injusto. El juega al fútbol porque es su vida y lo siente como suyo. No reclamará nunca un Balón de Oro, pero si la historia del fútbol es justa, Terrasa, Cataluña y España se merecen tener un balón de Oro 41 años después.


domingo, 27 de noviembre de 2011

Envidio la Premier.

Envidio la premier. Sus himnos, sus campos, su afición, sus jugadores, sus árbitros, pero sobre todo, su respeto por el fútbol. Es una liga diferente en la que se realiza un fútbol superlativo.
Me da exactamente igual que partido echen; si puedo, lo veo. Todo lo inglés tiene un toque diferente, algo que lo hace como más importante. Torneos de tenis hay centenares, pero ver una final de Wimbledon, te pone. Esa hierba perfecta, ese respeto máximo por el tenis, ese riguroso blanco en las equipaciones de los tenistas; esa final de 2008… GUAU.

Y los estadios de fútbol? Old Trafford , White Hart Lane, Anfield RoadTodos ellos estadios con mayúsculas; construcciones centenarias que son la carta de presentación de los mejores equipos del país. Recintos casi sagrados, templos del fútbol a los que cada semana acuden miles de feligreses a profesar su amor por unos colores. Estadios siempre llenos, aficionados siempre fieles y partidos siempre vibrantes. La Premier mola.

Si yo fuera futbolista me gustaría jugar en Inglaterra. “Siempre está nublado y los días de sol son pocos”, podréis decir algunos. Esa frase con un gallego pierde toda la fuerza. Envidio su “fair play”, y me encantan sus árbitros. La afición está siempre con el equipo, siempre. Los resultados y los fanatismos se dejan un poco de lado. La Premier es la liga de la confianza; se cree en los proyectos y se confía en los entrenadores y los jugadores.

Mi sueño es poder entrar en Anfield, respirar y empaparme de todo el fútbol que desprenden esas paredes; llegar a la grada y dejarme la garganta cantando el “You’ll never walk alone.” Mis sueños son estúpidos, pero son míos y a mí me gusta soñar estas cosas; me gusta creer que algún día se cumplirán.

 Aunque hay algo que debo confesar; un Barcelona – Real Madrid no lo cambio por nada del mundo!